Prólogo
Escrito por José A. Rey Dopico   
« En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco ».

Hace casi siglo y medio que Piotr Ilich Tchaikovsky pronunció esta frase sin duda sabiendo lo que decía. Lejos de ser una afirmación pretenciosa considero que es algo más: una gran certeza. La música se cuela en nuestros oídos y nos acaricia los tímpanos desde épocas en que ni siquiera sospechábamos que éstos podrían llegar a recibir un nombre.

Porque nuestro propio llanto al nacer es música para quien lo escucha. El sonido de la risa es música. El viento que engatusa con rodeos al tronco del árbol es música. La voz cercana de quien amamos es música. La vanguardista ola del mar que alcanza la arena seca para retirarse luego agotada por el esfuerzo es música.

Y música es el aluvión de notas entrelazadas que los autores como Tchaikovsky nos ofrecen para convertirlas en llanto, en risa, en tempestad, en mar en calma, en recuerdos, en esperanzas.

Y yo creo en el poder evocador de los sentidos. Como ese perfume ya conocido que en otra piel nos recupera esa vivencia que creíamos dormida para siempre. O ese mar antes mencionado, cuya brisa no es igual en todas las costas.

Un día, después de muchos años, regresamos a la playa en la que una vez fuimos niños y ya no es la misma, no la reconocemos. Sus largos caminos de tierra fueron sustituidos por aceras de cemento. Su noche por farolas. Sus prados despoblados de los alrededores por enormes urbanizaciones. Pero cuando nos acercamos a la orilla, a pocos metros del agua, de repente un olor a yodo y salitre muy característico nos acerca el rostro regordete de aquel amigo inseparable al nunca más hemos vuelto a ver. O nos devuelve el calor de un abrazo de madre empeñado en extirparnos el frío acumulado en una hora de gélido baño. O, simplemente, se nos aparece nítido el rostro de nuestro primer amor de verano en aquella roca donde lo hicimos furtivo. Y es entonces cuando sabemos que aquel mar no huele como todos los mares. Que ese aroma sólo existe allí.

Todo esto viene a cuento porque en los dieciséis que siguen a estas líneas,  en ocasiones desacompasados entre ellos, tan distintos los unos de los otros, la música está muy presente como nexo común. No sólo en forma de viento, mar o llanto, sino en forma de melodía también. Porque algunos han sido escritos mientras sonaba de fondo una sinfonía de hace dos siglos o una obra de nuestros tiempos. Una y otra vez, obsesivamente, aportando la banda sonora a estas páginas.

Y es que también creo en el poder inspirador de la música y en su capacidad para manejar las historias. Estos relatos no serían iguales sin ella. No sé si mejores o peores, pero seguro que estarían escritos de otro modo. Ella, femenina, me inspiró en el momento de crear, pero también cuando me encontraba ajeno a ese quehacer, si es que uno deja de escribir en su cerebro en algún momento del día. En la radio de mi automóvil, al cruzar la puerta de un comercio, en un bar de copas... Siempre aparece Ella para despojarme de la realidad y transportarme durante unos minutos a un mundo más imaginativo y virtual.

Es por eso que no quería dejar pasar la oportunidad de rendirle su debido homenaje. Y para tal fin, además de esta introducción, decidí hacer una reseña en cada relato de cuál fue la melodía o parte de ella que me ayudó en su creación. No con la pretensión de que el lector surque las letras con esa obra musical de fondo, cosa que sería un trabajo ímprobo, sino con el simple motivo de hacer justicia. Algunos no van acompañados por dicha reseña, puesto que fueron escritos en silencio. Y es que no hay que negarle a éste también su rango musical. En las noches en que esto último ocurría, la luna no quiso dejarme solo. A menudo reflejada en inspiración. Y en el mar.
Comentarios (5)

joaquin ghisolfi dice:

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hola esta my buena la pagina
noviembre 02, 2010

José Rey dice:

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Gracias Joaquín! Me alegro de que te guste.
noviembre 02, 2010

José Rey dice:

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Por cierto, recomiendo la versión flash, con música, pinchando en el libro de la parte superior izquierda de esta página.
noviembre 02, 2010

gabriel encinar dice:

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Estoy esperando un nuevo libro. De todos modos me conformo con este por ahora. Dónde se puede encontrar esa mezcla de
virtuosismo con la sencillez del artesano?

Alguien que te admira hace ya largos años.
noviembre 17, 2010

eric suarez ruiz dice:

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meE guzztaA
¡¡¡¡¡
diciembre 06, 2010

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