| Asma |
| Escrito por José A. Rey Dopico | |||
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Cuando yo era un niño, a veces sentía un cierto desasosiego antes de cerrar los ojos en mi cama. Me atenazaba no saber cómo seguir respirando con normalidad después de quedarme dormido si ya no era consciente desde ese momento de tener que hacerlo. Temía que mi corazón se parase en la noche y no despertarme nunca más. Es posible que esta fobia fuese provocada por mis problemas de asma, que sufría yo particularmente pero a los que no eran ajenos el resto de mi familia.Aprendí a convivir con esa sensación. Mi madre estaba siempre pendiente de mi respiración, de que todo fuese normal, objetivo quimérico e inalcanzable en casa desde que se conoció mi enfermedad. A veces parecía como si mis tres hermanos no existiesen para ella, mi fragilidad colmaba todas sus preocupaciones. -Este hijo un día se nos va a asfixiar- se reprochaba por enésima vez. -No seas exagerada, Lucía- le reprendía mi padre, conminándola a no darle tanta importancia al problema. Esto fue una constante en mi vida, que me convirtió en un ser frágil, no por el hecho de sufrir la enfermedad, sino por la excesiva protección recibida por parte de mamá. Ésta heredaba la fuerte personalidad de la abuela Carmen, y en ciertos momentos hasta llegó a anular la mía, como si no necesitase pensar por mí mismo. La burbuja que ella creaba a mi alrededor me hacía sentir que jamás podría llegar a ocurrirme nada malo. Incluso, con el paso del tiempo, he ido admitiendo la posibilidad de que ella fuese la principal causante del fracaso de mi matrimonio, algo que siempre me negué a aceptar en boca de Elisa, mi ex mujer, a la que tal vez no fui capaz de entender en su momento. Y ahora todas esas imágenes fluyen en mi memoria a borbotones, las recibo como si fuesen un recuerdo muy cercano en el tiempo, tal vez como esperpento de estos segundos, seguramente los últimos, mientras me debato en el intento inútil de entender por qué la niebla de la noche arrastró mi vehículo hasta el fondo de este río. Ahora estoy dentro de esta pecera que se va inundando de agua poco a poco, amenazando con alcanzar mi boca, mi nariz, para llenar mis pulmones hasta la asfixia, gritando una y otra vez el nombre de mi madre, implorando una nueva aparición suya para venir a socorrerme, como cuando era pequeño. Pero, sobre todo, intento encontrar una explicación a porqué justo el día de su muerte…
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Hits: 6181 Comentarios (1)
Beatriz
dice:
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... El libro me cautivó, no podía despegar mis ojos de sus páginas. Lo leí en una sola tarde. Está lleno de historias cotidianas con mucha carga emotiva, que dado a los imprevistos a los que estamos expuestos, podrían acaecernos a cada uno de nosostros; como el relato de Superhéroe de Chapa, lo fácil es dejarse llevar por la ira, pero su final, nos hace reflexionar sobre la importancia de controlar nuestras voluntades; aunque a veces esto no sea posible como en el caso de Sueños en precipicio, la desesperanza nos embarga y paraliza nuestra mente y cuerpo. Enhorabuena por el libro! |
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